Gastronomía en los Conventos

Gastronomía en los Conventos

12 de Noviembre Nace la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana era el nombre completo de una de las mujeres más importantes en la literatura mexicana, mejor conocida como sor Juana Inés de la Cruz.

Nacida el 12 de noviembre de 1651, Sor Juana fue considerada una niña prodigio ya que desde muy pequeña aprendió a leer y escribir. Su espíritu inquieto y a afán de aprender, la llevaron a convertirse en una mujer de gran intelecto y pensamiento independiente, lo que la hizo desafiar los convencionalismo de su tiempo.

Ella es, sin duda, una de las mujeres que cambiaron el mundo, pues fue capaz de expresar sus opiniones en una época en que la mujer era poco menos que esclava, y hoy en día, la importancia de su obra es tal que se le conoce como “la Décima Musa”.

La trascendencia de la labor de Sor Juana en la cocina es tan portentosa como su obra escrita, pues permite conocer otra faceta de la mujer, quien en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en la que haciendo uso de sus grandes habilidades retóricas, su humor ácido y su prosa excepcional, ofrece alegorías culinarias de la crítica a la que había sido sometida, al mismo tiempo que defiende al género femenino de los ataques del entonces obispo de Puebla, Fernández de Santa Cruz:

“Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”.

“Pero, señora, ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina?

“Pues, ¿qué os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y fríe en la manteca o aceite y, por contrario, se despedaza en el almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluida, basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias que en los unos, que sirven para el azúcar, sirve cada una por sí y juntas no”.

Historia de la gastronomía de conventos

Las religiosas debían de alimentar a un gran número de personas todos los días. Contaban con cocinas grandes y bien equipadas, y con los recursos necesarios para elaborar recetas nuevas. Todo ello alentó el espíritu creativo que predominaba en los conventos.

Las monjas se dedicaban de alguna manera al arte culinario. Algunas hacían platillos especiales para la venta al público, con lo que ayudaban con los gastos del convento; otras elaboraban dulces y conservas para regalar al virrey, al arzobispo o a algún benefactor del convento. Ello se consideraba una manera fina y delicada de solicitar fondos o favores de las autoridades.

Los conventos eran los más importantes productores de dulces en la Nueva España. Reproducían recetas traídas de España por otras compañeras o inventaban nuevas usando frutas e ingredientes locales. Muchos conventos tenían sus propias especialidades culinarias y lograron fama por ellas.

Las recetas favoritas fueron anotadas por las monjas como un recordatorio personal. Las recetas de puño y letra de Sor Juana Inés de la Cruz de mediados del s. XVII y publicadas como Libro de cocina del Convento de San Jerónimo, constituyen el más antiguo recetario de México.

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